ATLETAS CHILENOS 2014 (FICHAS / SELECCIONES NACIONALES) Y FAMILIA ATLÉTICA

 

 

 

SELECCIONES NACIONALES 2014

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FICHAS SELECCIONADOS NACIONALES 2014

 

Varones

Damas

Aldea Ávilez, Sergio

Alonso, Maximiliano

Álvarez, Fermín

Andia, Gabriel

Andrade, José

Aravena, Víctor

Araya Cortés, Edward

Araya Cortés, Yerko

Arriagada Vega, Rodrigo

Ballivian, José Joaquin

Ballivián, José Miguel

Barroilhet, Gonzalo

Boccardo Bosoni, Franco

Cabrera Leal, Manuel

Canio Andunce, Fernando

Catrileo, Hugo

Churqui, Roberto

Colarte, Patricio

Correa O´Ryan, Nicolás

Cortez, Álvaro

Dagnino, Nicolás

Dallaserra, Matías

Delmónaco, Diego

Díaz, Carlos

Duarte Cáceres, Francisco

Echeverría, Roberto

Encina Quintana, Leslie

Espinoza Cid, Cristóbal

Espinoza, Johanny

Estrada Coz, Daniel

Fuentes, Felipe

Galaz Sanhueza, Eugenio

Germain Ronco, Sergio

Godoy, Marcelo

Guerra Martorell, Ignacio

Guerra Martorell, Tomás

Gutiérrez, Gustavo

Horn Álvarez, Alejandro

Kehr, Gabriel

King, Ditter

Laso Errázuriz, Nicolás

López, Francisco

López, Iván

Lyon Schapiro, Diego

Maldonado, Claudio

Mansilla, Humberto

Medina, Juan

Méndez, Ariel

Méndez, Francisco

Melillan, Yhojan

Peirano López, Alejandro

Pendola, Matias

Pérez, Atilio

Pineda Contreras, Daniel

Polanco, Enrique

Rojas Silva, Ignacio

Sáez, Roberto

Sepulveda, Alfredo

Silva, Matias

Tello, Roberto

Valdivia Flores, Sebastián

Valdivia, Mauricio

Vera, Danilo

Vivanco, Felipe

Vivar Oyarzun, Javier

Zemelman, Sergio

Zúñiga Quiero, Aquiles

Zupeuc, Daniel

Álvarez Rivera, Giselle

Ángel Mancilla, Verónica

Arrieta, Camila

Boza Wilson, Antonia

Brahm Mir, Javiera

Burgos, Paulina

Calfilaf, María José

Carabias Cuevas, Fernanda

Castillo Salazar, Natalia

Castillo, Carolina

Constanza Castillo

Cordova Farías, Claudia

Ducó, Natalia

Eguiguren, M. Ignacia

Errázuriz Sotta, Javiera

Faletto Canales, Javiera

Fernández Rioja, Victoria

Gallardo Cruchet, Ivana

Gallardo, Karen

Godoy, Antonia

González Caro, Jennifer

Goñi Gajardo, Paula

Gutiérrez, Josefina

Jiménez Ibacache, Isidora

Jiménez Vega, Andrea

Jorquera Franco, Daniela

Keim, Valentina

López, Macarena

Macarena Borie

Mackenna, M. Fernanda

Masias Guineo, Margarita

Mathews Concha, Wisnny

Milos Pedemonte, Ljubica

Montt, María Ignacia

Moretic, Norka

Nazarian Tranco, Fabienne

Olivera De La Fuente, Erika

Paillalef Ruminot, Cristal

Palma, Odette

Parra, Daniela

Pavez Andrade, Daniela

Reyes Meneses, Macarena

Riderelli Serdio, Daniela

Ríos Lama, M. Paz

Romero Jaramillo, Natalia

Salazar, Valentina

Sanzana, Anastasia

Solano Fuentes, Marcela

Varas, Michelle

Vergara Juricic, Florencia

 

 

ATLETAS MENORES

 

 

DAMAS:
Arriagada, Daniela 
Arrieta, Camila S. Alto 
Barrientos, Valentina
Bravo, Catalina 
Burgos, Paulina 
Escobar, Claudia
García, Mariana 
Guzmán, Carolina
Iñiguez, Catalina
Kummerlin, Antonia
Marín, Clara 
Melipillán, Diana 
Mendoza, Mónica 
Morales, Daniela
Moretic, Norka 
Ossa, Catalina 
Toledo, Dayna
Varas, Michelle
 
VARONES:
Arancibia, Jeison 
Ballivián, José Miguel
Bascuñán, Felipe
Belgeri, Vicente 
Catrileo, Hugo 
Cofré, Luis 
Contreras, José Manuel
Correa, Pedro 
Cortés, Felipe
Délmonaco, Diego 
Espinoza, Cristóbal
Faulbaum, Enzo
Germain, Juan Pablo 
Lyon, Juan Diego 
Melillán, Yhojan
Montiel, Roberto 
Moreira, Claudio 
Nordetti, Ignacio 
Oyarzo, Martín
Schoroder, Mathias
Tagle, Martín
 
 
 
 

EL TESTIMONIO DE LOS GRANDES PARA LA FAMILIA ATLÉTICA

 

 

 

 

Marlene Ahrens

Posta 1948

Alejandra Ramos

Mónica Regonesi

Gert Weil

Iván Moreno

Sebastián Keitel

Omar Aguilar

 

Entrevistas y estadísticas: María Elena Guzmán M. 

Marlene Ahrens: la dama olímpica de Chile

 

 

“El día que competí en Melbourne está ya tan lejano, está como medio en la nebulosa del recuerdo. Bueno, ese día teníamos que ir en la mañana a hacer una prueba mínima de suficiencia para poder en la tarde ir a competir. Fuimos y clasifiqué al primer tiro. Después fui a almorzar, luego me acosté a dormir siesta y después en la tarde era la competencia, tipo seis de la tarde. La verdad yo nunca me he puesto nerviosa. A mí no me importaba que las que estuvieran compitiendo fueran mejores, porque yo iba a hacer lo que yo era capaz. Lo único que siempre quise era que lo que había logrado en entrenamiento lo rindiera en el momento de la prueba y ojalá más, pero no menos. No menos.
Y entonces yo iba tranquila esa tarde a hacer mi marca. Siempre se cuenta que la checa me había prestado la jabalina y eso es un cuento, porque las jabalinas llegan todas a la pista así como en un atado, selladas, y rompen los sellos y reparten las jabalinas para que uno entrene, y están todas nuevecitas, con las empuñaduras albas. Pero lo que sí, es que de repente me fijé que la checa siempre usaba una jabalina que parecía estar con el mango más gastado. Y entonces en un momento dado yo ya había hecho mi cuarto lanzamiento, porque había quedado entre las seis atletas con derecho a los tres últimos tiros. Y entonces, al quinto tiro, cuando lanzó la checa, yo fui a buscar esa jabalina, la tomé y me fui a un lugar aparte para que no vinieran otras a decirme, “préstame la jabalina que tengo que lanzar’’. Y cuando me tocó lanzar, al tomar la jabalina me di cuenta de que la checa, con más experiencia, la había sobajeado con pez de castilla, esa especia de tiza blanca, para que se afirmara, para que no se resbalara… Ahora no sé si sería idea mía, porque ya hace mucho tiempo, y la fe también… Pero la cosa es que lancé el quinto lanzamiento con esa jabalina y logré esa marca que me dio el segundo lugar. Después me quedaba un tiro más. Por no topar ese borde que hay adelante y que si se toca es nulo, uno como que lanza como medio metro más atrás. Y entonces para ese sexto tiro yo me corrí medio metro hacia adelante, pero topé y fue nulo. 
Fue bonita la ganada, porque quedó primera una rusa, luego segunda yo, tercera la otra rusa, que tenía el récord mundial, y cuarta la checa que era la campeona olímpica. Fue una ganada con buenos competidores. Y yo dije en ese momento… “Bueno, qué tanto, salí segunda’’. Yo, fíjese que era tan ignorante en esto y tan poco se divulgaba el deporte, que cuando viajé a la Olimpíada la palabra Olimpíada no me imaginaba a qué era lo que iba, con eso le digo todo. Así de poco se divulgaba el deporte en esa época.
Hice tantos deportes y todos me gustaban. Nunca sabía cuál era el que más me gustaba. Yo hacía hockey en el Manquehue. Y mi marido fue el que descubrió que yo tenía aptitudes para lanzar. Fue una vez que hicimos el paseo de fin de año con el equipo de hockey y fuimos con todo el equipo y parientes a Cachagua. Y ahí me puse a lanzar piedras, cuando estaban los hombres lanzando piedras de las que habían en la playa, y mi marido vio que yo lanzaba más que ellos, que mal que mal eran deportistas. Y llegó mi esposo acá y le dijo a Walter Fritsch, el entrenador del Manquehue que era muy conocido, “oye, aquí hay una lazadora innata’’… Y así empecé. Así fue que lancé jabalina. 
Mi carrera y mi proceso fueron muy rápidos. Empecé a entrenar en 1954, ahí partí, y ese mismo año, en abril, ya me llevaron a  Sao Paulo a un Sudamericano y batí el récord de Chile (41.68) Pero después llegando acá del Sudamericano quedé esperando a mi hija, que nació para marzo del ’55. O sea que en todo ese período no entrené. Y el ’55 después del nacimiento de mi hija, volví a jugar hockey, que era lo que yo hacía… ¡Me acuerdo que los sábados y domingos corría las papas de la guagua para tener libre el rato para ir al partido: le daba papa, iba al partido, y volvía a darle papa! Para la Navidad del ‘55 mi marido en concomitancia con mi padre, encargaron una jabalina a Estados Unidos y me la regalaron para la Pascua, porque acá no había esas cosas. En ese tiempo estaba Sparta Deportes y Casa Alonso, nada más, y tenían cosas de pesca, de caza, de fútbol, pero nadie iba a tener unas jabalinas. Y bueno, me la regalaron para esa Pascua. Era una jabalina de madera, de color como el del mañío, clarito.
O sea que yo había entrenado enero, febrero y marzo del ’54; en abril había ido al Sudamericano; luego no había entrenado en más de un año; y después me regalaron la jabalina. Y ese verano del ‘56 yo me quedé con mi hija en el campo, era aquí en el valle de Aconcagua, en Quebrada Redonda, aquí cerca. Mi marido se iba los viernes en la noche y se volvía los lunes temprano y yo me quedaba en el campo con mis padres. Y fue ahí entonces en el parque, que yo me busqué un lugar donde podía lanzar. Y me puse a lanzar todos los días. Tenía marcado con estacas el récord mío (41.68); el récord sudamericano; y el récord chileno que entre tanto lo había recuperado la Carmen Venegas (43.07). Y entonces todos los días lanzaba hasta que me mejoraba mi marca anterior, e iba corriendo la estaca. Hasta que un día lancé y lancé y no superé mi marca y dije “ah, hasta aquí nomás llegué’’.   Y justo era un fin de semana, llegó visita al campo y quisieron ver que yo lanzara porque habían escuchado… ¡Y ya pues, como me estaban mirando, no sé de dónde saqué la fuerza y lancé y pasé por arriba del récord de la Carmen y del récord sudamericano y fui a caer por allá cerca de un palto, que si le apunto, rompo la jabalina! Y gran algarabía de todos, gritaban, celebraban, y mi mamá se asusta, porque siempre decía que tenía tanto miedo de algún día alguien fuera a morir estacado con eso, que sintió  la gritería y se asomó a ver qué pasaba… Y yo le digo, “¡mamá, mamá, quebré el récord sudamericano!’’… Y mi mamá me dice, “¡chiquilla tonta, yo pensé que había pasado una desgracia!’’ y se dio la media vuelta y desapareció… ¡Chiquilla tonta…!
Esto fue a fines de febrero. Y a mediados de marzo era el Campeonato Nacional. Y ahí batí casi por cinco metros el récord sudamericano, que era de 43 y algo y yo lancé 47 y tanto (47.64). Y ya está… Salté a los diarios y un mes después era el Campeonato Sudamericano del ’56, aquí en Chile. Y ahí lancé un metro más, hice 48 y tanto y batí de nuevo el récord (48.73). Y en noviembre fue la Olimpiada. Y ahí hice los 50 metros (50.38): o sea que fue bien rápido todo.
Cuando competía, me concentraba. Nada de miedo, cuando uno va a competir como que se agranda. Yo siempre en competencia lancé dos o tres metros más de lo que había rendido hasta ese momento en entrenamiento. 
A las actuales generaciones yo les diría que hay que entrenar nomás. Esforzarse. Bueno, se están esforzando harto, pero es extraño, porque a veces pareciera que no se lograra mucho. Hoy en general los deportistas entrenan mucho, viven para entrenar. 
Y yo en cambio fui bien así como “a la brutanteque’’. Entrenaba una hora al día. Antes no existían esas salas de máquinas que tienen ahora, donde se puede fortalecer la musculatura tan fácilmente. Antes el entrenamiento era lanzar nada más. Yo entrenaba así: tenía dos jabalinas y hacia unos tiros cortos como de 15 metros, fuerte a la tierra. Lanzaba una, caminaba, lanzaba la otra, sacaba una… entonces iba alternando y así hacia todo el largo de la cancha. Y después me ponía a lanzar lo más lejos que podía. Hacia 20 tiros, o algo así. Luego hacía cinco ascensiones y después miraba el reloj si había cumplido una hora, y pescaba la jabalina y me volvía a la casa. Entrenaba todos los días. Tenía entrenador sábados y domingos, así es que el resto de la semana entrenaba sola. Y cuando estaba bueno el tiempo me iba con mi hija y con los moldecitos de juguete que tenía, la sentaba en el salto largo, en la arena, ella jugaba con sus moldecitos y yo entrenaba al lado. 
Tanto es así, que cuando salí de vicecampeona en la Olimpíada, me encontré en mi pieza con un cuestionario, una encuesta de la organización, que preguntaba: cuántas horas al día entrena, cómo divide sus horas de entrenamiento, cómo se alimenta… Y bueno, la contesté. Y me mandaron a llamar. Me dijeron que esto era una encuesta a una elite de atletas y no era una chacota… Y les dije: “Pero si yo la contesté y la entregué’’… y ahí me respondieron, “sí, si aquí la tengo, ¡pero usted no me va a decir que entrena una hora al día!’’… ¿Qué cómo dividía mis horas de entrenamiento? ¡Y qué iba a dividir, si entrenaba una hora! Y le dije: “Lo he contestado honestamente’’. Y contesté también en cuanto a la alimentación, que yo comía lo mismo que comía toda mi familia. La única diferencia con el resto de los que comíamos en la casa era que cuando llegaba del entrenamiento pescaba la juguera, le echaba una malta, le tiraba un huevo adentro y le dejaba caer harina tostada. Y quedaba un brebaje que me lo tomaba feliz… Lo siento mucho, pero es como fue la cosa. Si yo hubiera entrenado lo que entrenaban las rusas y con el perfil bioquímico y todos los adelantos al lado, otras habrían sido las marcas entonces. ¡Menos mal que la malta con huevo y harina tostada era un buen alimento, me encantaba! Y ese fue mi único alimento especial. 
No sé… Fue una carrera muy rápida la mía en verdad, la hice feliz. Y me siento feliz’’.
 

Marlene Ahrens

 

 
 

 

 

Posta de 4x100 Juegos Olímpicos 1948: amigas para toda la vida

 

 

 

Marion Huber-Adriana Millard- Annegret Weller-Betty Kretschmer: en ese mismo orden, cuatro jovencitas chilenas fueron en 1948 a los Olímpicos en Londres en la posta de 4x100 metros. El deporte las unió en torno a un bastón atlético; y la vida las hizo amigas para siempre. Aquí están los gloriosos testimonios de estas cuatro damas de la velocidad chilena, a 66 años de aquella gesta.
 

Marion Huber:

“Mi amor por atletismo nació en el colegio con el profesor Karsten Brodersen, con Annegret éramos las dos de Viña del Mar y compañeras de curso en el colegio Alemán del Valparaíso. Fuimos bastante innovadoras, en esos años andar de pantaloncito corto ya era raro. Me tocó comenzar mi carrera deportiva un poquito antes del Sudamericano del año ‘46 en Santiago. Y me metieron en el equipo porque el torneo era en Chile. Ahí me inicié, en ese campeonato.
De los Juegos de Londres ’48 tengo un recuerdo emocionante. Yo era casi principiante y que haya llegado allá, para mí era un premio, un regalo. Yo partí en aquella posta. 
A los jóvenes de hoy les diría lo mismo que hice yo con mis hijos: incentivarlos para que hagan deporte, que es lo más sano que hay. El deporte que sea. Yo siento por el atletismo un cariño enorme, porque me abrió el mundo. Cuando corría con la bandera chilena en el pecho era lo máximo, sentía un orgullo tremendo’’. 
 

Adriana Millard:

“Para empezar en el atletismo me inspiró el Sudamericano de 1946. Yo fui a ese torneo como público y miraba correr las postas, las pruebas de velocidad, miraba correr a las chilenas, como mi amiga Annegret, y me dije, “si esas cabras corren, ¡por qué no puedo correr yo!’’. A la semana siguiente me puse short, bajé a la cancha, me presenté a mi gran entrenador y el mejor entrenador que ha habido en Chile en atletismo, Walter Fritsch. Le dije “señor, yo quiero ser atleta’’… A las dos semanas competí en Valdivia y gané el salto largo. 
Estuve en dos Juegos Olímpicos, en Helsinki 1952 y en Londres 1948. Los de Inglaterra fueron los más emocionantes porque yo soy hija de inglés y me sentía muy orgullosa. 
Todos los recuerdos que tengo del atletismo son todos bonitos. Pero me ocurre algo… Recibí una medalla no hace mucho tiempo, hará dos años, de los cronistas deportivos. Y eso, a la edad de una, que te estén entregando medallas, es muy emocionante. 
Si pudiera, me gustaría aconsejar a toda la “cabrería’’ que hiciera atletismo, se los diría. Porque se pasa muy bien y hace muy bien. Si no, ¡mira cómo estamos nosotras!’’.
 
 

Annegret Weller:

“El primer club por el que competí fue el Gimnástico Alemán de Valparaíso. Yo soy valdiviana pero me crié en Valparaíso. Nuestro profesor de Educación Física Karsten Brodersen, organizaba anualmente un triatlón. Él me inspiró a correr. Según los resultados inscribía a los alumnos en la Asociación Atlética de Valparaíso para competir por nuestra ciudad. ¡Tenía recién 13 años cuando hice un nuevo récord nacional Novicios en 50 metros con 7.2 segundos! Don Karsten estaba muy contento. 
En mayo de 1945 salí seleccionada para competir en el Sudamericano de Atletismo en Montevideo. Salí quinta y quedé muy triste pues no había aportado ningún punto al equipo, pues sólo los cuatro primeros daban puntaje. 
En 21 de octubre de 1945 don Mario Correa Letelier invitó a damas para participar en el torneo anual entre Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires y el Atlético Santiago. Invitó a la gran argentina Noemí Simonetto. En la partida de los 100 metros estaban por supuesto Betty (Kretschmer), Noemí y yo. Cuando sonó el disparo me di cuenta de que había salido muy bien de los tacos. ¡Corrí, corrí, corrí y le gané por casi dos metros a las campeonas del Sudamericano de Montevideo! Y cuando los cronometradores miraron sus cronómetros fue algo increíble: ¡11.9 segundos, nuevo récord sudamericano! Me dio como vergüenza, me ponían un micrófono para hablar por la radio, yo era medio más que huasa, tenía recién 15 años, no sabía qué decir. Mi mejor recuerdo fue cuando el vicepresidente de Chile don Alfredo Duhalde me entregó una inmensa Copa por mi récord de los 100 metros. Me daba vergüenza que un presidente me premiara… Esa marca duraría 23 años en Sudamérica y recién en 1975 sería mejorado como récord de Chile por la gran corredora Leslie Cooper.
En 1946 se efectuó el Campeonato Sudamericano Extraordinario, en el Estadio Nacional. ¡Estaba lleno de público! No gané los 100 metros, pero Betty sí. En los 200 metros competía la gran estrella brasileña Elisabeth Clara Müller. Le gané por 20 centímetros con el mismo tiempo, no habían centésimas en esos años. Ambas batimos el récord sudamericano. Y lo más emocionante fue izar la bandera chilena bajo los acordes de nuestro lindo himno nacional y escuchar las voces y los aplausos de todo el público, estaba lleno el estadio.
En 1947 fuimos al Sudamericano en Río de Janeiro, no gané los 100 metros, pero sí los 200 y fuimos primeras en la posta, con mis cuatro compañeras de toda una vida. 
En 1948 batimos el récord sudamericano de la posta de 4x100. Gracias a esta excelente marca (49.3), nos incluyeron en el equipo para participar en los Juegos Olímpicos de Londres. Éramos las únicas mujeres entre todos los participantes chilenos, así es que fuimos muy regaloneadas. Por lo menos en atletismo, era la segunda vez que iban damas chilenas a unos Juegos. 
El viaje fue muy impresionante. Cuando me sentaba en las tribunas, como yo hablaba tres idiomas, la gente estaba asombrada de que una chilena hablara Inglés y Alemán… ¡Pensaban que veníamos de la selva o algo así! Voy a contar lo que me pasó en los 100 metros: había unos tacos de partida que yo jamás había visto. Yo soy mecánicamente muy mala y no los atornillé bien, hice dos partidas falsas y me eliminaron. Ustedes no saben cómo lloraba y ahí mi amiga Betty Kretschmer me fue a recibir y yo lloraba en su hombro, fue una muy triste experiencia. Pero luego vino la posta, salimos terceras en la serie. Corrimos en la misma serie que las holandesas con la famosa Fanny Blankers-Koen. Las holandesas por supuesto que nos ganaron lejos, pero las italianas perdieron el bastón… ¡Si no habríamos quedado más atrás! 
En 1949 fui a  Lima pero ya no me fue muy bien, ya estaba estudiando y no tenía mucho tiempo para hacer atletismo, además estaba pololeando y a mi pololo no le gustaba que yo hiciera atletismo, quería que me dedicara a él nomás. 
Por el atletismo siento una gran emoción. Encuentro sí que ahora está muy profesionalizado y cuando alguien tiene buenas marcas le exigen todo el tiempo una mejor marca. Antes era más suelto todo, se disfrutaba más, ahora están muy presionados por las marcas y no lo disfrutan tanto. A los jóvenes les diría que hagan deporte de todas maneras porque los amigos que encuentren en el  deporte, jamás los van a perder’’.
 

Betty Kretschmer:

“Fue muy importante ese momento de mi vida, estar ahí en Londres y haber competido con corredoras del nivel de Fanny Blankers-Koen y otras así. Me inicié en el colegio Alemán de Valparaíso en los torneos escolares, ahí el profesor me dijo, “tú sirves para correr…’’. Y como soy obediente, fui a correr, porque es lo más parecido a volar, que es lo que me gusta. El campeonato Sudamericano Extraordinario del ‘46 me marcó, las mujeres ganaron todas las pruebas y eso nunca más volvió a suceder. Yo gané los 100 metros, los 80 metros con vallas, la posta y el salto largo.
A las velocistas les diría que tienen que tener primero que todo la condición, porque la velocidad se tiene o no se tiene, se puede mejorar con técnicas de partida o cosas así, pero la velocidad en sí, se tiene o no se tiene. Y luego, que sean constantes y disciplinadas pero que no se hagan obsesivas con la práctica del deporte, que lo vivan de manera más amplia.
El atletismo me permitió desarrollar garra; me dio la felicidad de poder competir. A mí me encantaba correr y llegar a la meta, era lo más importante, y llegar primera por supuesto, al menos en las pruebas de velocidad. Ya que en otras pruebas había que trabajar por el equipo y hacer puntos, pero la velocidad era lo mío. A mí lo que me interesaba era ir al estadio y correr, al torneo que fuera, escolar, interclubes, interciudades, internacional, al que fuera.
Más que el atletismo en lo específico, me gustaría decir que el deporte en general debe cumplir una función social, ese es el siguiente paso que hay que conseguir del Gobierno, que esté integrada en Chile la función social que cumple el deporte en todas sus ramas. 
El atletismo me dio grandes amigas, que son mis tres compañeras de posta, con quienes nos hicimos amigas hasta hoy. Porque una cosa es ser compañeras y otra es ser amigas. Nosotras nos hicimos compañeras y amigas las cuatro, para siempre, con Annegret, Marion y Adriana. Nos juntamos siempre a conversar de distintas cosas, no sólo del atletismo. Somos amigas’’.
 
 
 

 

Alejandra Ramos: la reina del mediofondo

 “Comencé en el atletismo por tradición de familia. Mi padre (Nelson) fue lanzador de bala y mi madre (Araceli) hizo vallas. Esa tradición por el deporte me llevó a hacer actividad física deportiva desde pequeña. No podía permanecer sentada por mucho tiempo y mi inquietud me llevó a incursionar en el ballet, en el básquetbol y en la gimnasia artística, además del atletismo. 
 
Estudié en el colegio Inmaculada Concepción de Curicó. Y recuerdo que por los años ‘70 llegó al colegio un profesor de Educación Física. Se llamaba Zenén Valenzuela.  Él armó la rama de atletismo. Yo tenía apenas 12 años cuando comencé a correr siendo una más del montón. Pasó año y medio y entonces comencé a destacar. Eso fue un reflejo de que el atletismo pasaría a ser mi deporte favorito. 
 
Tenía 15 años cuando logré titularme campeona sudamericana por primera vez. Cómo no olvidar esa carrera de 800 metros donde hice un marca que hoy en día no se ha vuelto a repetir, ninguna niña del país con esa edad ha vuelto a correr así: hice 2.12,6. Ese evento deportivo me abrió las puertas de mi corazón para ir en busca de más competencias y marcas, hasta llegar a ser becada en 1979, para luego viajar a Madrid con miras a los Juegos Panamericanos de Caracas 1983, donde obtuve la medalla de bronce en los 800 metros. 
 
Fueron esas ansias de seguir en el atletismo, las que me llevaron a buscar una beca. Y la logré a través de Solidaridad Olímpica. Fue así como pude volver a España dónde comencé mi verdadera carrera deportiva en alto rendimiento. Pasé a ser una profesional del atletismo. Esos años no sólo fueron de marcas y triunfos, los que fueron entregados por la perseverancia, el sacrificio y esfuerzo, sino que también fueron un tiempo de soledad, de añoranza y de pena por la familia y amigos que había dejado tan lejos. Pero todo ello lo superaba por el amor  que le tenía al atletismo, como así por las amistades y la profesión que logré durante los 14 años en que viví en la Madre Patria, a la cual le debo lo que soy como persona, como profesional y como ex atleta internacional.
 
Si miro hacia atrás, lo que hice tanto en el atletismo español como en nacional, creo que dejé una huella profunda, sobre todo por  mi manera de desplazarme en la pista y también por los logros que entregué al país y esos récords que aún se mantienen en 800, 1.500 y 3.000 metros, como también en 800 y 1.500 metros indoor, además de las plusmarcas en la milla en pista y urbana. Recuerdo carreras de competencias nacionales e internacionales y cada una tuvo su historia y su existir, como fue el haber quedado semifinalista en los 1.500 metros en los Juegos Olímpicos de los Ángeles ‘84.  Récords y competencias que hoy están  en los anales del atletismo nacional. 
 
Países, ciudades, estadios, monumentos, profesión, amistades, entre otros, fue lo que conocí y aprendí en las más de dos décadas en el atletismo, las que ahora recuerdo con cariño y emoción cuando le hablo a mi hija, o doy alguna charla, o reviso videos o álbumes de fotos. Más de dos décadas en este deporte que me dejaron cicatrices y lesiones que hoy en día me tienen sin poder correr, porque en el tiempo que comencé no existía la implementación deportiva especializada y tecnificada que hoy en día encontramos. Pero no me arrepiento de haberme entregado al atletismo por más de dos décadas’’.
 

Alejandra Ramos Sánchez

 

 

 

 

Mónica Regonesi: la estrella del fondismo

“Llevo 43 años practicando el deporte más lindo y completo que existe. Tras esta larga vida deportiva le doy gracias a Dios por haberme dado el don de hacerlo. Y agradezco también el permanente apoyo recibido de mis padres y luego de mi esposo y mis hijos. Todo lo he hecho con mucho amor, cariño, esfuerzo y responsabilidad.
Como empecé en el atletismo a los 10 años, he podido disfrutar de haber realizado las más diversas pruebas, cuando niña haciendo velocidad, cross, 500 metros, salto alto y triatlón, en estas dos últimas con récord de Chile en esa época. Y sigo en el atletismo hasta el día de hoy cuando sigo participando como atleta master y federada.
Recuerdo cada uno de los eventos en que me tocó participar, como Campeonatos Nacionales, Sudamericanos, Juegos Odesur, Juegos Panamericanos, Mundiales Universitarios, Campeonatos de El Mercurio, campeonatos escolares,  maratones, corridas por calle, Corrida de San Silvestre, y como representante chilena por el continente americano. Sería muy largo hablar de cada uno de ellos, aunque guardo las mejores experiencias de todos ellos. Pero en estas líneas les contaré de algunos que tienen algo muy especial para mí.
De mi niñez, recuerdo que al hacer tantas pruebas distintas, fui viviendo distintas emociones y requería para cada una de ellas una disposición diferente. 
A los 16 años tuve mi primer Sudamericano en el extranjero, al que me acompañó mi mamá, y salí tercera. A los 19 años fue cuando participé en mi primer maratón, en Canadá, tras ganar un selectivo aquí en Chile sobre cinco kilómetros. Corrí ese maratón sin entrenar ni tener siquiera la obligación de llegar a la meta, y pese a ello me convertí en la primera mujer chilena en bajar las tres horas (2hr.59,02) y en la mejor latinoamericana. ¡Lo único malo que me pasó en ese maratón fue que los pies se me llenaron de ampollas con sangre…! Ese mismo año viviría luego una experiencia que marcó mi vida, pues en un gran Campeonato Nacional Universitario en Arica conocí a mi marido.
Otra experiencia maravillosa fue cuando corrí el primer maratón femenino que se hizo en unos Juegos Olímpicos (Los Ángeles 1984), en el que fui la mejor latinoamericana y con maximarca sudamericana de esa época. Esa maratón se recuerda por el gran calor  y la llegada de la suiza casi desmayándose… Y yo también estuve ahí, corriendo por mi país.
Y también me emociona mucho recordar mis múltiples participaciones en la Corrida de San Silvestre, que en esa época se corría de noche en un circuito muy pesado, donde uno veía que los brasileños hacían muchas trampas ya que entonces no se usaba chip y ellos se metían al circuito en cualquier punto.
Y otra remembranza imborrable fue lo feliz que me sentí de haber logrado ganar el selectivo de 10.000 metros planos para ser la representante chilena por el equipo de América.
Por último yo diría que lo que más llevó en mi CORAZÓN y que nunca se me olvidará por lo que significó y por los logros obtenidos, con tres medallas de oro y una de bronce y tres récords sudamericanos, fue el MUNDIAL DE ATLETISMO MASTER EN SACRAMENTO (Estados Unidos), en 2011. Es que ese torneo se hizo el año en que falleció mi querido, amado y recordado papá (falleció el 17 de abril de 2011), por lo que desde enero hasta mayo yo estaba entrenando muy poco y cuando él falleció yo estaba destruida física y mentalmente… Pero en un minuto pensé que como mi papá me inició en el atletismo, en honor a él debía ir al Mundial, porque él estaría contento de que compitiera…Y decidí ir. Una vez estando allá  sentí constantemente su apoyo. Y es así como logré hacer excelentes marcas como el primer lugar en 1.500 metros con 4.51,63. Fue una semana profunda en lo físico y en lo espiritual, corría día por medio, entre las series y la final de 800, 1.500 , 10.000 y maratón, teniendo que hacer dos pruebas en menos de dos horas. Me emocione, lloré… Fue una de las experiencias más lindas de mi vida deportiva, con mi papá siempre presente dentro de mí.
En todos estos años, también he podido ver el avance de la tecnología en beneficio de los atletas, como las zapatillas, las trotadoras, los relojes con GPS, que ahora que soy más vieja los he podido aprovechar.
Estoy agradecida de la vida, de Dios por haber llegado al ATLETISMO  y por poder hacerlo hasta el día de hoy.
El ATLETISMO ha sido una parte muy importante de mi vida, me ha permitido desarrollarme, me entregó muchos valores, me dio la posibilidad de conocer muchas personas y lugares, siempre haciéndolo con  amor, con sacrificio, con dedicación, pasando muchas veces frío, pero feliz de haber tomado un día este camino maravilloso del deporte más lindo del mundo’’.
 
Cariños y suerte a todos.
 

Mónica Regonesi Miranda

 

 

 

 

Gert Weil: el Gigante olímpico chileno

 

“El otro día soñé que estaba de nuevo en la final olímpica de Seúl 1988. Estaba ahí, listo para competir, pero con todo el conocimiento y la experiencia que tengo ahora. Lo estaba disfrutando totalmente, muy tranquilo y motivado, con la total seguridad de que lo estaba haciendo muy bien… No alcancé a soñar el resultado final, pero desperté con una sensación gratificante, una confirmación de lo que siempre defendí como atleta: el hecho de que ser deportista no tenía por qué ser un salto a la incertidumbre, no tenía por qué ser un riesgo. He recorrido  un camino duro y he intentado ser consecuente con mis esfuerzos. 
Hice mi travesía por el desierto, di muchas peleas y creo que logré en gran medida lo que me propuse como atleta. 
Recuerdo en este proceso a grandes personas, trascendentes para mí, que me marcaron, y a las que les estoy muy agradecido. Viví grandes momentos y me quedan innumerables anécdotas. Una vez incluso, tuve que firmar carta de exención de responsabilidad por si se venía abajo y me pasaba algo en el viejo gimnasio que tenía el COCh en la calle San Francisco, dañado por el terremoto. El gimnasio, el único que contaba con las pesas adecuadas para mis entrenamientos, se cerraba para Pascua y Año Nuevo… Yo me conseguía a la mala la llave para poder ir a entrenar… ¡En secreto!
Quiero decir con esto, que exploté mis posibilidades en cada momento al máximo. 
Lo que logré, me hace sentir orgulloso y feliz. Siento  por el atletismo un cariño enorme. 
Me dio la posibilidad de conocer a gente y lugares maravillosos, me enseñó a pensar, a decidir. Incluso me dio a Xime (la medallista olímpica colombiana Ximena Restrepo), mi mujer y mamá de mis hijas. Miro atrás y me siento satisfecho del camino  recorrido, sin duda lo volvería a hacer. 
¿Cómo partí en el atletismo? Recuerdo que recién llegado a Santiago desde el sur, estaba en mi primer Escolar en el Estadio Nacional (con pista de ceniza, en 1972), calentando para correr la semifinal de los 60 metros con vallas. En ese momento también estaban lanzando disco y de repente alguien lanzó un disco de vuelta… No es que lanzaran fuera de ángulo, sino que lo lanzaron de vuelta hacia el foso… Y me pegó en la cabeza… Me cosieron la herida en la Posta y me mandaron para la casa… Todo esto lo vio don Walter Fritsch. Y bueno, unas semanas después, mi papá, que conocía a don Walter, me llevó al Manquehue y me lo presentó. Cuando me vio don Walter exclamó sorprendido: “¿Y tú, estás vivo todavía?, ¡Si sonó como si rompieran un huevo!’’. Desde ahí empecé a entrenar con él en el Manquehue y en el Colegio Alemán. Fue él, con su maestría y experiencia, el que me inició en el lanzamiento de la bala. 
La verdad es que mi proceso de desarrollo como atleta no fue algo planificado o dirigido para llegar al alto rendimiento en una prueba específica, sino un trabajo que se fue dando en forma natural, con la buena fortuna de haber estado en manos de gente formadora que respetaba los procesos de maduración biológica, sin presiones competitivas exageradas o lo que me gusta definir como “Medallitis” (enfermedad muy extendida en el medio deportivo escolar chileno actual). En el colegio, con el sistema alemán, siempre tuvimos tres deportes formativos básicos: atletismo, gimnasia y natación y nuestro “patio de juegos’’ era el Estadio Manquehue, así de importante era nuestra relación con el deporte como escolares. 
Yo nací en Puerto Montt, pero a inicios de 1972 toda mi familia se trasladó a Santiago. En el sur practiqué básquetbol y algo de atletismo en el colegio. Después acá en el Deutsche Schule seguí haciendo atletismo con el profesor alemán Jürgen Clausen, que era un profesor de esos de verdad, ¡era el profesor de Física y Matemáticas y también de Educación Física!
Hice todo tipo de pruebas en mis  inicios bajo la tutela de inolvidables profesores como Pedro Cabrera y Héctor “Tito” Castro. En los Escolares corría vallas, competía en salto alto y largo, lanzaba pelotita y corría los relevos, ¡si hasta como universitario partí la 4x100 un par de veces!  Recuerdo que yo sufría mucho tratando de hacer las rutinas de gimnasia artística del colegio pero todo eso me dio una gran riqueza motriz, que finalmente fue lo que me ayudó a llegar adonde llegué. 
Mi padre, Óscar Weil, fue fundamental en mi desarrollo como deportista, siempre quiso que sus hijos hicieran deporte, esto era muy importante para él. En todo momento  conté con su apoyo, incluso al principio me obligó a seguir por  este camino. Él era de la idea de que si tomabas una ruta tenías que hacerlo con total responsabilidad. Mi papá en eso era estricto y consecuente: para él era muy importante que yo hiciera deporte y en especial atletismo. Mi papá jugó básquetbol en el sur y practicó algo de atletismo. En su  época como estudiante vivió en Santiago, en una residencial en el sector de Beaucheff y conoció ahí a algunos atletas, y a su entrenador, don Walter, quien como mencioné fue pilar fundamental en mi comienzo en el atletismo. 
Cuando trabajé en el programa “Campeones para Chile’’ del Club Deportivo Universidad Católica como gerente técnico, me tocó hacerme cargo de la parte técnica, científica y motivacional que necesitan los jóvenes para desarrollarse en el deporte. Y la verdad es que hay un enorme contrasentido en la manera de cómo motivarlos: el cuerpo percibe el ejercicio como un estrés, como una agresión, ya que funcionamos fisiológicamente por la ley del mínimo esfuerzo. Entonces la clave para motivar está en transformar ese estrés en algo positivo. ¡Castigar a los niños haciéndolos correr dos vueltas a la cancha es fatal si se les quiere motivar  para hacer deporte! 
Entonces, ¿cómo motivar? Por esos años leí una encuesta que se hizo en Estados Unidos a grandes figuras-ídolos del deporte, en la que les preguntaban qué los había motivado a ser deportista: en primer lugar, respondieron que habían sido los padres; en segundo lugar, los profesores del colegio; y en tercer lugar, el entorno familiar y las amistades. Aunque suene extraño para algunos, sólo en el último lugar figuraba el ejemplo de los ídolos deportivos. Esto demuestra que los cimientos del deportista están en la familia. Es allí donde nace la cercanía por la práctica deportiva. La familia es la clave. Y sobre esa estructura se debe construir todo el edificio.
Tuve suerte. Hubo mucha gente que me marcó en mi proceso para llegar a ser atleta, personas que estuvieron siempre disponibles cuando las necesité, que me solucionaron problemas, me abrieron  puertas y me enseñaron a pensar, a preocuparme de lo esencial para llegar al alto rendimiento, no de lo anexo, y así poder tomar decisiones acertadas. Uno de ellos fue “Popo’’ (Rodolfo) López, que como profesor y dirigente fue absolutamente consecuente y ejemplar. O como el querido y recordado Miguel “Pelao’’ Vigueras, tal vez la persona más apasionada por el atletismo que he conocido. Como dirigente primero, con la inolvidable anécdota que lo refleja tal como sentía el deporte, y luego trabajando en el CDUC. En mi  primer Campeonato Sudamericano Adulto, en Bucaramanga, con 19 años gané sorpresivamente frente a los favoritos de Brasil y Venezuela (desde los años treinta con Héctor Benaprés que Chile no ganaba la bala). Y jamás olvidaré a Miguel “colgado” de la reja del estadio gritando a todo pulmón: “…¡Güena conchaetuma…!”
También, como don Hans Krause, quien con su forma caballerosa y formal, siempre me defendió y me apoyó. Como Sergio Guarda, quien me ayudó mucho como entrenador. O como Herman Strutz (otro fanático del atletismo y su técnica), que siempre me motivó y hasta me premiaba con un buzo por cada récord que lograba. 
Clave en mi desarrollo fue Alejandro Serrano, gracias a él me pegué el alcachofazo al darme una dosis de realidad demostrándome que por muy récord de Chile que yo había logrado con 16 metros y fracción, eso no era nada a nivel mundial. Alejandro, fiel representante del “no pain no gain”  gringo,  estudió en EE.UU. y me entrenó bajo sus estrictas condiciones, me exigió compromiso total y además me contactó con pesistas, como los Olivet, Alfredo –papá y entrenador- y Pierre, con quienes pude entrenar a otro nivel y así dar un salto en mi rendimiento.
Recuerdo que la tarde del sábado en la qué  batí ese récord de Chile, estaba feliz. Y bueno, al día siguiente, domingo a las 9.00 de la mañana, yo obviamente dormía plácidamente después de tanta celebración, y me llama el Pelao Serrano y me dice: “En media hora más te espero en las pesas, 16 metros no son nada, tienes que seguir entrenando’’… Yo me quejé y reclamé… “Si no llegas, olvídate de mí, no te entreno más!”, me respondió… 
Alejandro estaba en lo cierto, los mejores del mundo ya estaban lanzando 22.00 metros en esa época, él definitivamente me ayudó a crecer como atleta. 
Absolutamente clave: don Carlos Binder, quien me propuso hacer el contacto para irme a entrenar a Alemania con Rudi Hars, de quien él había leído en la revista de atletismo alemán. Me dijo: “Estarías dispuesto a irte a Alemania?’’… Mi respuesta ya la pueden imaginar. Don Carlos conocía al gerente de la Bayer en Chile, y con él hizo el contacto para que yo me pudiera ir a Leverkussen, se consiguieron los pasajes, y partí. 
Todo ese cúmulo de experiencias me hizo ver la realidad: yo estaba en ese momento muy lejos del alto rendimiento y si quería lograr algo de verdad tenía que esforzarme. Hice mi travesía por el desierto, di muchas luchas, y estoy muy agradecido de la vida por haber podido conocer a toda esas  personas especiales que jugaron un rol fundamental en el desarrollo de mi carrera como atleta. 
Las cosas se fueron dando como casi siempre pasa cuando una va por el camino correcto. Llegué a Alemania y en mi primer entrenamiento de bala, totalmente sobre revolucionado, tratando de impresionar al nuevo entrenador, me di un tremendo golpe con el contensor del foso y me hice un esguince en el tobillo. Apreté los dientes, me recuperé  y entrené como pude. Aguantaba el dolor pensando que así podría recuperar mi lesionado tobillo más rápidamente, incluso competí a las tres semanas, y cómo sería mi motivación que mejoré mi marca y lancé 18.50 metros. Debido a que el dolor no cedía, me examinó el doctor del club que justo volvía de sus vacaciones, y me tomaron una radiografía. Cuando el doc vio la fractura, exclamó sorprendido: ¡”Y así fue capaz de lanzar 18.50’’! Ese hecho marcó a  Rudi Hars, quien me comentó: “Si fracturado lanzas 18.50, algo bueno debes tener como atleta’’.  
La culminación de esa temporada fue la final olímpica donde lancé 19.94 metros y quedé décimo. Y a Alemania había llegado con modestos 18.29 metros… ¡Así me gané a Rudi Hars! Cuando nos despedimos, me apretó la mano y me dijo: “Cuando quieras, puedes venir a entrenar conmigo’’.
Cuando uno mira hacia atrás siempre aparecen dudas y cosas que uno tal vez haría de otra manera, hoy pienso que tal vez  hice algo no muy acertado al decidir entrenar en Chile e ir cada año a hacer sólo la fase competitiva a Alemania. Tal vez si me hubiera radicado allá habría tenido otra evolución, pero bueno, opté por tomar a Alemania como mi centro anual de operaciones. Nunca sabré que habría sido mejor. 
En cuanto a mis entrenamientos en Chile hacía la parte física con el gran Jaime Huberman y en la parte técnica me ayudaba Tito Villalobos, con él aprendíamos juntos, tratando siempre de no perder lo adquirido durante mis temporadas en Alemania con Rudi Hars. Hicimos un recorrido de causas y consecuencias, acá. Contaba sólo con lo básico para entrenar, pero de alguna forma lo hacíamos…
Muchas veces me han preguntado por qué me dediqué a la bala.  Reconozco que para cualquier hijo de vecino, el lanzamiento de bala es re fome… Pero yo lo disfruto. No es fácil para cualquiera encontrarla atractiva, pero cuando entiendes un poco más, es fascinante. 
De la bala me atrae lo difícil que es lanzarla, el desafío que significa enviar ese pesado objeto lo más lejos posible. Y la confirmación me la dio Stanislav Vozniak, ese gran Maestro que me acompañó en la última fase de mi proceso en el alto rendimiento: él me ratificó y demostró que de todos los lanzamientos, el de la bala es el técnicamente más difícil.
La huella que dejó Stanislav será imborrable, trabajar con él fue un absoluto privilegio. De él aprendimos lecciones fundamentales como la especialización de los entrenadores por modalidad, las edades de iniciación en atletismo, el respeto y reconocimiento que se le debe dar a los entrenadores, desarrollarse como entrenadores a la par con los dirigidos y cosas tan básicas como no convertirse en niñeras de los atletas y más bien dotarlos de herramientas para que aprendan a desenvolverse solos, etc.
Stanislav me ayudó a cerrar el círculo, me mostró por qué y para qué me dediqué al deporte. Él es un tremendo maestro y científico del deporte. Siempre tendrá un lugar muy especial en mi vida. 
Cuando uno está metido en esto del deporte de alto rendimiento, está como en el mundo de Bilz y Pap, fuera de la realidad cotidiana. Y cuando termina ese ciclo, la adaptación al mundo real no es fácil. Requiere de un cambio importante. Y en ese cambio, Stanislav me ayudó mucho. “Los años que entrenaste, los tienes que desentrenar también’’, me dijo. Había que hacerlo. 
El “Campeones para Chile” del CDUC me brindó la gran oportunidad de agregar otro ciclo olímpico a mi carrera, por solicitud expresa de Stanislav, quién consideraba que junto a Ximena, éramos los único atletas de alto rendimiento “de verdad” en Chile en ese momento y que el proyecto nos necesitaba como ejemplo y líderes. El club me dio las facilidades de compatibilizar mi trabajo como gerente técnico y además entrenar, es decir, condiciones ideales.
¿Por qué luché tanto todos esos años en el alto rendimiento? Porque quería demostrar que en Chile sí se podía hacer deporte de alto rendimiento a pesar de la poca estructura y del pobre sistema deportivo que teníamos. 
¿Por qué ser deportista tiene que ser un salto a la incertidumbre? Por qué tiene que ser tan riesgoso… ¿Por qué no podemos compatibilizar en Chile las dos cosas, ser atleta y ser profesional universitario? 
En mi lucha por ser cada día mejor y demostrar que sí se podía ser atleta de alto rendimiento en Chile hay numerosas anécdotas, como la pelea con algunos dirigentes quienes me acusaron de “llevarme” un importante porcentaje del presupuesto anual de la federación (como tres millones de pesos de la época para toda la temporada…), también fui acusado de antipatriota por no ir a competir a un Sudamericano por privilegiar mi preparación y participación en el Mundial del ‘93, en el que quedé sexto.  Incluso  tuve que pedir en una ocasión un préstamo con el aval de la ex DIGEDER  para poder financiar mi temporada internacional.
Pero acá tenemos master y doctorados en hacer de las excepciones la regla, siempre  buscando el atajo, el camino fácil, pero eso no existe: hay que decidirse y comprometerse. Como decía Stanislav: no se puede estar parado con cada pierna en  botes diferentes, haciendo equilibrio para no caerse… Hay que optar por alguno… Yo opté por la bala. 
Siempre fui y soy muy crítico de los que dicen que “Lo hacen por Chile, por la bandera…’’. Recuerdo la clásica pregunta cliché que me hizo un conocido comentarista deportivo, cuando gané los Panamericanos de 1987: ”¿A quién le dedica esta medalla?’’… A lo que yo respondí: “A nadie, esto es producto del trabajo que hice y de la gente que me ayudó’’. 
Aunque suene egoísta: tengo la convicción de que si uno no hace las cosas bien primero por uno mismo, no lo podrá hacer bien por otros. Me gusta la frase que dice que el éxito es el punto de intersección entre la curva de la preparación y la curva de la oportunidad. Mientras mejor preparado me sentía, más grande me sentía a la hora de competir.
Competir era lo que más me gustaba, aunque la presión era enorme porque hay que demostrar lo que se logró en los entrenamientos. Para eso es fundamental contar con gente que te aporte, como son los buenos compañeros de entrenamiento. Hay atletas que logran controlar mejor sus emociones en las competencias que otros y yo afortunadamente era uno de los que lo lograba. Conocí a algunos atletas que eran verdaderos maestros, los vi entrenar y me consta que en competencia mejoraban hasta un metro y medio las marcas de sus entrenamientos. Yo no llegaba a tanto, pero tampoco bajaba: diría que yo lograba replicar en competencia lo que hacía en entrenamiento. 
Por eso es tan importante tener buenos entrenadores, su experiencia y especialización: uno no nace sabiendo y eso se logra trabajando con alguien que ha pasado antes por lo mismo que está pasando uno. Cuando conversaba con Rudi Hars me decía que él sabía cómo era un lanzador de 21 metros, y como era uno de 17 metros, porque los había entrenado a todos. Sabía cómo comía, cómo se vestía, cómo se cortaba el pelo cada uno… Y me decía “tú eres el primero en Chile que tiene esta experiencia del alto rendimiento’’.
Siempre he considerado que mi principal característica como atleta y como persona es la perseverancia. Ximena se ríe, dice que es porque soy capricornio. Yo no creo mucho en esas cosas, pero dicen que si bien los de ese signo somos perezosos al principio, una vez que nos motivamos no paramos hasta lograrlo, hasta las últimas consecuencias. Y yo soy así. Soy meticuloso, me gusta hacer bien las cosas, y así lo hice como atleta. Una vez que me proponía algo, me gustaba hacerlo bien.
Más que una competencia en específico que me haya marcado, recuerdo que hubo muchas situaciones en las que se dieron hechos inolvidables que me marcaron. Como el hecho inexplicable de que en mi primer entrenamiento en Alemania me haya quebrado el pie y eso haya determinado finalmente que Rudi viera mi potencial y se fijara en mí. O como el hecho de que siendo escolar un disco me haya golpeado la cabeza y luego haya conocido a don Walter Fritsch. Y el hecho fundamental en mi vida de que en los Juegos Olímpicos de Seúl haya conocido a Ximena y hayamos empezado a pololear. 
Yo creo que en Chile nos hemos contagiado con que si nos estás entre los tres primeros no vale… La nefasta “Medallitis”. A pesar de que hay una componente emocional, yo sigo siendo racional al respecto: hay cosas más difíciles que otras. Y en ese sentido, siento que mis sextos lugares olímpico y mundial son mis grandes actuaciones. Tengo dos oros en Juegos Panamericanos, pero Estados Unidos no siempre mandaba a su mejor gente a estos Juegos porque coincidían con otras competencias fundamentales. Eso si,  el oro igual había que ganárselo. 
Recuerdo que veces llegaba arrastrando mi bolso al entrenamiento y me demoraba como 15 minutos en poder encontrar la motivación para pararme y empezar a mover los fierros. Ser finalista olímpico fue fruto de ese trabajo y de superar esos momentos. Nunca consideré el entrenamiento como un sacrificio. Si uno lo toma así, mejor dedicarse a otra cosa. Esto es un trabajo, un compromiso y una misión que uno emprende para lograr un objetivo. Y como tantas cosas en la vida, hay que sacarse la mugre para conseguirlo. Es árido, es duro, pero la responsabilidad del éxito siempre la tendrá uno. 
Reconozco que no disfruto igualmente los deportes colectivos, me cuesta, porque puedes ser el mejor de la cancha, pero perder igual. En el atletismo en cambio, la competencia es contra uno mismo.
No sé si he dejado una huella en el atletismo chileno. Eso tendrán que decirlo otros. De haberlo hecho, espero haber dejado una huella de consecuencia, de que lo que logré no es producto de una casualidad, sino de un trabajo, de una actitud y de un compromiso profundo. 
Comparto eso de que los récords están ahí para ser superados. Fui el primer chileno en superar los 16, 17, 18, 19 y los 20 metros. Ayudar y apoyar al “Chino” Verni a mejorar mi récord y dejarlo sobre los 21 metros fue natural y lógico, es más, forma parte de mi convicción de cómo se debe hacer. Ser consecuente con todo lo adquirido y aprendido en mi carrera como atleta y el trabajo desarrollado junto a Stanislav en Campeones para Chile. 
Como decía Rudi Hars, se requiere una cuota de talento acompañado de un enorme trabajo para llegar al objetivo: el talento te puede alcanzar para asomarte al nivel mundial, pero de ahí hacia arriba, es trabajo, trabajo y más trabajo. O como decía Stanislav, en una máxima que a él le gustaba mucho y que comparto: en Chile primero queremos TENER, para luego HACER y finalmente SER. Pero debe ser al revés: primero hay que SER, para luego HACER, y para finalmente TENER. 
Me siento feliz y agradecido de mi recorrido en el atletismo. Me la jugué’’.
 

Gert Weil

 

 

 

 

Iván Moreno : Nuestro “Moreno’’ más rápido del mundo

“Me inicié en el atletismo en el colegio Sagrados Corazones (Padres Franceses), a la edad de 12 años, en las competencias escolares. Es difícil decir hoy qué me motivó a hacer atletismo, ya que cuando era estudiante hacía futbol, atletismo y básquetbol. Pero sí puedo decir que el padre Martín Lecorre me incentivó para hacer deporte. Recuerdo que hubo varias personas que influyeron en mi formación como atleta: el primero fue Julio Kovacs; también, alguien que fue clave en poder seguir, fue el Mayor Hernán Fuentes, quien en las vacaciones, junto a otros compañeros, nos llevaba a entrenar al Estadio Militar; luego estuvo Víctor Jaras del CAS; y finalmente quien me dio la formación final y me llevó a mis mejores resultados, el entrenador Walter Fritsch. Y cuando estuve en Alemania, Wolfgang Meller del SCC Charlotenburg; y Bert Summser del Bayer Leverkusen. Todas figuras fundamentales en mi carrera atlética.
Podría parecer extraño, a la luz de los resultados que logré, pero lo cierto es que la velocidad fue para mí casi un accidente. Y es que siendo rápido, aunque no el mejor del curso en mi colegio, era vallista y no velocista. Luego, ya siendo Juvenil me incliné por el salto triple. Y fue ahí cuando me dijeron que para poder progresar en el salto triple debía mejorar mi velocidad. Yo había sido, de hecho, campeón sudamericano Juvenil en salto Triple en 1960, pero al año siguiente luego de empezar a trabajar la velocidad, me convertí en campeón sudamericano Juvenil de 100 y 200 metros y de salto triple también (1961 Santa Fe). Y fue así como me quedé en forma definitiva en la velocidad.
Hoy lo pienso, y reconozco que me encantaba entrenar, es algo innato, porque siempre lo he hecho muy consciente de que es una superación y un relajo ante las tensiones, a través de las conversaciones con tus compañeros y de la amistad que se crea detrás de las competencias. Sin ir más lejos, mis mejores amigos de hoy eran mis principales rivales en las pistas, como Jean Pierre Landon, Einer Erlandsend y Roberto Quijada.
Yo tenía características bien claras como atleta: una de mis principales características era que nunca antes de una carrera me sentía derrotado, siempre me sentía vencedor antes de correr. Se me viene un recuerdo muy fuerte a la memoria: fue en el Campeonato Sudamericano Juvenil de 1960. Ya habían terminado todas las pruebas, inclusive la posta de 4x400. Y sólo faltaba que terminara el salto triple. Entonces el entrenador de la Fedachi Víctor Jaras se me acerca y me dice cuando me faltaba el último salto y estaba segundo en la competencia: “Si ganas, Chile sale campeón”… Y le respondo: “Chile es campeón entonces”… Y así fue: salté, gané, e hice el récord sudamericano Juvenil… También recuerdo la primera vez que salí campeón sudamericano Adulto en 100 metros: crucé la meta con los brazos en alto… ¡Y los levanté cuando faltaban aún como seis metros para la meta!
Recuerdo muy especialmente mi participación en los Juegos Olímpicos de México 1968. La  vivencia tiene de positivo y de negativo. Lo negativo es que estuve en cama hasta el día anterior por influenza. Y me levanté. Así pude llegar a la semifinal en los 100 y 200 metros. Quizás podría haber llegado a la final ya que a dos de los finalistas los había vencido en las últimas carreras. Eso me dejó como enseñanza que para llegar a una final olímpica hay que estar en su día y en su momento, el resto son especulaciones. Lo hermoso es haber competido de igual a igual con los mejores del mundo y haber sido el único chileno que ha cortado la lanilla, a lo menos, en una clasificación. 
Participar en los Juegos Olímpicos te marca por el hecho de llegar a la más grande de las competencias, donde te codeas con lo más grande del atletismo mundial, donde puedes ver que todos tenemos posibilidades. Cuando piensas que uno puede vencerlos, y los vences; cuando soñaste más de una vez que cortarías la lana antes que todos, y lo haces… Todo esto te deja la sensación de que nada es imposible para uno. 
Incluso en los períodos más difíciles. Yo tuve momentos duros en mi vida deportiva, como por ejemplo cuando me rompí y tuve que operarme de los meniscos cuando tenía 19 años; cuando en Alemania me pisaron la cabeza con zapatillas de clavo y terminé en una clínica; o cuando en una competencia me cayó un martillo en una rodilla y estuve tres meses sin poder entrenar. Como pauta común de todos estos accidentes que eran invalidantes, siempre luché para sobreponerme y salir adelante, nunca perdí la esperanza ni la fe en que todo sería pasajero. La fe y la confianza en mí mismo fueron vitales en mi carrera como atleta. 
Por esos años recuerdo que fue Julio Martínez quien me dijo que yo era el blanco más rápido del mundo, a lo que yo le respondí: “El blanco más rápido del mundo también era Moreno’’. ¡Porque yo fui el “Moreno’’ más rápido del mundo!
Quizás alguien podría decir que no siente nada por el atletismo… Pero la verdad es que el atletismo te queda en la sangre y sigues viviéndolo en el día a día. Y lo que más se siente es nostalgia de la época de atleta y quizás por eso hoy me dedico ya no a los 100 metros, pero sí a correr maratones con amigos y se revive la época de juventud. 
A las futuras generaciones del atletismo quisiera decirles que uno es el primer responsable de sus progresos, y la ayuda que pueda venir sólo nos serviría para poder competir en torneos internacionales, para que cuando lleguemos a los torneos de primera línea no digamos que iremos a ganar experiencias, o que fuimos y ganamos experiencias. El atletismo me enseñó a superarme, y a saber que todo hay que hacerlo bien y a la primera, y que siempre se puede mejorar. Yo en mi vida como atleta siempre vi las cosas así: respeto a mis rivales y a mis vencidos; amistad antes que rivalidad; siempre contento hasta en los momentos difíciles de lesiones; y compañerismo por sobre todo’’.
 

Iván Moreno López

 

 

 

 

Sebastián Keitel: la leyenda del sprint

“Partí en el atletismo a los ocho años luego de la muerte de mi papá (Alberto Keitel, ex recordman chileno de los 200 metros con 21.5 de 1961), siempre con la idea de llegar a ser un gran campeón como él lo había sido. La verdad es que mi papá, con su brillante carrera como atleta y muy fuertemente luego de su tan temprana partida, y en general todo el ejemplo deportivo de mi familia por el lado paterno (su abuelo Alberto Keitel fue campeón sudamericano de 4x400 en 1935; y su abuela María Cristina Böcke fue campeona sudamericana de disco en 1939), y el tremendo apoyo de mi familia por el lado de mi mamá, muy especialmente ella Loreto Bianchi, y mi abuelito Luis Bianchi, fueron mi mayor motivación para comenzar en el atletismo y entrenar cada día para ser un mejor atleta.  
 
Recuerdo que me costó mucho llegar a un alto nivel, entrenaba muy duro para lograrlo. Gané mi primer torneo escolar importante a los 17 años; mi primer Sudamericano a los 19; y mi medalla mundial a los 22 años: fue un proceso muy necesario, pero de mucho esfuerzo y mucho sacrificio junto a mi familia. Soy un atleta que trabajó con mucha perseverancia y responsabilidad para cumplir sus sueños.
Hoy miro hacia atrás y la verdad es que arriesgué mucho al intentar dedicarme a este deporte que llevo en el alma, que es muy poco rentable en nuestro país, y por el que dejé estudios de lado, dejé familia, porque mi hijo Tatán (Sebastián), era muy guagua entonces y lo veía muy poco con los viajes. En fin, creo que por el atletismo lo di todo y ese sacrificio hoy me hace sentir feliz, pleno de haberlo dado todo por mi sueño de ser un campeón. 
Me siento muy orgulloso de haber logrado todo lo que logré, rompí barreras muy importantes y muy necesarias para que el atletismo chileno pudiese ser conocido en el mundo, para que las nuevas generaciones de atletas chilenos pudieran ser apoyadas por marcas de empresas nacionales. Me siento feliz de haber corrido y haberle demostrado a gente que no creía en mí, que “QUERER ES PODER"... Siempre tuve claro lo que quería y soñaba con cumplir mis sueños... Muchos de ellos los cumplí y eso me deja muy tranquilo.
¿Cuál fue mi logro más importante? La verdad es que cada medalla obtenida desde un Escolar para arriba significó algo muy importante para mí. Cada una de ellas fue parte importante de un proceso necesario de vivir para llegar a cumplir cada meta y sueño propuesto... La perseverancia, el esfuerzo, la paciencia y la dedicación fueron las claves para lograr el éxito en lo que yo me propuse un día siendo muy niño.
Mis grandes entrenadores y amigos, Alberto labra y Pedro Soto, fueron muy importantes en cada uno de mis logros, fuimos un gran equipo y logramos la perfección de resultados propuestos en base a las condiciones que se tenían en Chile en esos años, en cuanto a infraestructura, nivel de competencias, apoyos económicos, sistemas de entrenamiento, etc.
Puedo decir a plenitud que el atletismo es y será junto a mi familia lo más importante de mi vida, no dejaré nunca de estar ligado a ese deporte maravilloso. Y hoy lo vivo desde las graderías viendo a mis queridos hijos vivir lo que yo viví muchos años atrás... Es increíble, se me ponen los pelos de punta, muy orgulloso de que ellos se la jueguen al máximo y logren encontrar su felicidad y su camino de vida a través del atletismo... El deporte de seguro los ayudará en especial a ser mejores personas... Y qué mejor que vivir la experiencia que poder ayudarlos como entrenador. Es maravilloso.
En la pista sin duda viví grandes momentos y que nunca se me olvidaran: ganarle a Donovan Bailey cuando era campeón olímpico y mundial y quien había tenido el récord del mundo; o cuando logré mi medalla mundial (bronce en los 200 metros del Mundial Indoor Barcelona 1995), que fue un podio no esperado por nadie y que hasta el día de hoy aún no me lo creo; o cuando conseguí mis dos medallas de Juegos Panamericanos. Haber logrado todo eso y mucho más después de un duro camino de lesiones, fueron momentos preciosos, igual que mis seis oros individuales iberoamericanos, que es el vigente récord de oros en pruebas individuales del atletismo chileno en los Iberos; mis campeonatos sudamericanos; mis récords de Chile todos aún en tabla; mi quinto lugar en el ranking mundial de los 200 metros en 1998; el haber sido abanderado de Chile en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996; y el haber representado al país en seis Campeonatos del Mundo y en una Copa Continental... Son recuerdos que llevo cada día dentro de mí y me hacen ser una persona muy feliz.
A pesar de haber sufrido tres cortes en el Tendón de Aquiles, lesión que me impidió llegar a los Olímpicos de Sydney 2000, donde con mi récord de Chile de 20.15 habría estado en el nivel de una medalla, pude correr hasta los 34 años y me retiré después del Sudamericano en Brasil, muy contento y con una misión profesional y de vida que me deja más que satisfecho. 
Espero haber sido un referente para algunas generaciones de velocistas y espero ser un actual referente para mis hijos. 
Miro hacia atrás, cuando siendo niño quería ser como mi papá, un gran atleta. Y sin duda lo logré. Era mi primer y gran sueño y lo cumplí... ¡Lo demás llego por añadidura!
Agradezco a toda la gente y empresas que me apoyaron y creyeron en mí desde mis inicios. Sin muchos de ellos no habría logrado lo que logré. Gracias al querido y recordado Jorge vives, a personas fundamentales para mí como Víctor Ríos, como Jorge Peña, como Neven Ilic, como mi gran masajista y notable amigo Víctor "guatón" Figueroa; a Soprole, a muchas marcas deportivas, a mi club Stade Français, a mi querido colegio Verbo Divino; a mi gran maestro y mentor "el Beto";  a la gran María Elena Guzmán por mostrarle a Chile entero quién era yo adentro y afuera de la pista; y a grandes amigos que por muchos años hemos seguido juntos como una gran familia que formamos muchos años atrás… Y una vez más, destacar a mi gran familia que siempre estuvo ahí, en las buenas y malas, con frío y con calor, en los triunfos y en las derrotas, en la salud y en las lesiones... Ellos fueron y serán por siempre todo para mí’’.
 

Sebastián Keitel Bianchi

 

 

 

 

 

Omar Aguilar: el ídolo del maratón

“En esta última década el running se ha apoderado de las calles, es impresionante ver a tanta gente corriendo todos los fines de semana, niños, niñas, jóvenes y adultos. Eso me alegra y me motiva aún más para seguir en esta locura, esta pasión que me llena por completo. Los tiempos han cambiados, las cosas cambian y los días cambian, tarde o temprano tendremos en las calles 30 mil personas corriendo la Maratón de Santiago, algo impensado hace un par de décadas atrás. ¡Me pregunto qué los motiva a correr! ¿Será la moda, o por salud? ¡Creo que ambas cosas! 
Yo recuerdo en mis inicios en este deporte que me motivaba y aún me motivo disfrutando de la naturaleza, del contacto con la tierra, crecí en el campo, corría en las pampas, bosques y cerros, no sentía que me cansaba… Es decir desde pequeño algo me decía que podía llegar muy lejos… ¿Pero cómo saberlo? A los 10, a los 12, o a los 16 años parecía que había que darle tiempo al tiempo. Entonces me fui forjando desde pequeño sin pensar en lo que vendría más adelante.  A los 23 años cambié los bosques pampas y cerros para insertarme en la jungla de cemento de Santiago y dejar mi Punta Arenas querida, que me dio todo. Fue difícil mi adaptación, pero fue una decisión acertada: el crudo clima magallánico me forjó, me hizo duro mentalmente, me amoldó. 
Hoy vivo el presente y el día a día, no de los recuerdo, no tengo una vitrina con mis 400  0 500 medallas que he ganado y sigo ganado, ni trofeos que mostrar. Las generaciones van cambiando. Sin embargo no puedo dejar de mencionar el apoyo  de muchas personas que estuvieron  a mi lado para lograr lo que hice, partiendo por mis queridos padres y hermanos.
Hoy todavía mucha gente se pregunta y algunos me preguntan cómo lograste hacer esa gran marca en la maratón… Y les digo que es un historia  muy larga y estaría todo un día contándoles, así es que siempre lo trato de resumir lo más corto posible, pero en algunos casos, a mis atletas que los llamo los “elegidos”, les cuento mi historia. Como por ejemplo, que muchos no saben que mi fuerza mental, mi disciplina, mi coraje y mi temple de acero lo adquirí en mis dos años y medio que estuve el Cuerpo de Infantería de Marina defendiendo a mi país en el conflicto con Argentina en el ’78. Desde ese entonces nada era imposible para mí, lo soportaba todo, no había dolor, aprendí a sobrepasar los límites del cuerpo humano, me fui proponiendo metas y lo lograba, en especial los récords y los triunfos a lo largo de mi carrera deportiva. Si mal no recuerdo fueron siete a ocho años imbatible en nuestro país y también por qué no decirlo, en Sudamérica. Y fui el Mejor de los Mejores deportistas del año 1986. Las palabras PERSEVERANCIA y DISCIPLINA DEPORTIVA fueron  mis aliadas, que mantuve y mantendré por siempre. Y son las que conllevan al  ÉXITO, no hay otro secreto.
Los éxitos y triunfos llegaron muy rápido, con una base iniciación y preparación de cinco años comencé a marcar mi historia logrando los registros de 3.43 en 1.500 metros, 7.55 en 3.000 metros, 13.32 en 5.000 metros, 28.16 en 10.000 metros, 1hr.02,50 en media maratón y 2hr.12,19 que es la actual mejor marca de Chile en maratón. Trabajé muy duro, eran entrenamientos en doble jornada, es decir mañana y tarde. Para el entrenamiento de maratón sobrepasaba los 210 kilómetros semanales, y entre 700 a  800 kilómetros mensuales. Ahora recuerdo que un día un runner amigo, Francisco López, me sacó la cuenta de los kilómetros aproximados que llevo corriendo: me decía que he dado dos veces la vuelta al mundo… Increíble… ¿Cierto? Sí, porque son como 42 mil kilómetros la vuelta aproximadamente, y yo he corrido más de 80 mil kilómetros y sigo muy activo.
Los días de lluvia corría el doble, corría por mí y por los que no salían a correr, también es una manera de ordenar tus pensamientos. Hasta el día de hoy todavía la gente me pregunta… ¡Hasta cuándo correré! Algunos no pueden entender por qué  corro tanto, corro contra mí mismo, el más cruel de mis oponentes: mi adversario reside  en mí, en mi habilidad y fortaleza, con cerebro y corazón para vencerme a mí mismo, con mis emociones y dolor… Sufría mucho en los entrenamientos, que eran duros, pero también aprendí de los fracasos y reía en el podio.
Esto es lo que me gustaba hacer, es lo que pude hacer bien y lo hice hasta el límite y estoy satisfecho. El dolor era inevitable pero el sufrimiento era opcional. Todo en la vida es temporal y cuando las cosas salían bien (récords, triunfos, etc.) lo disfrutaba al máximo porque  no duraban para siempre; y cuando las cosas salían mal no me preocupaban porque tampoco duraban siempre.
Me  considero un líder que conoce el camino y que  transité  por él. Hoy trato de guiar a mis alumnos por el mismo camino…Aquí van algunos entrenamientos que hacía, los tengo grabados en mi memoria: 20 a 25x400 m en 1’02”/ pausa de 1’ // 10x 300m 38 a 40” // 5-6x 500m 1’ 10” a 1’ 12”// 6-7x 1000 m 2’ 30”//… Recuerdo una vez cuando preparábamos los 1.500m hice 3x1000 en 2’ 25” y lo tengo anotado // 4x 2000 m. en  5’ 12” a 5’15” // 3x 30000 m.  8’ 15” a 8’ 18”… Con toda esa gran base adquirida no me fue tan difícil hacer las 2hr.12,19 en la maratón.
Este último tiempo me he dedicado a entrenar a maratonistas que disfrutan esta actividad entregándole toda mi experiencia y tratando de motivarlos al máximo, corriendo con ellos en las más importantes maratones del mundo como son SANTIAGO, BUENOS AIRES, NUEVA YORK (3), CHICAGO, BOSTON, WASHINGTON, BERLÍN, LONDRES, ROTTERDAM, PARIS (3), SEÚL, RUMANIA…’’.
 

Omar Aguilar

 

 

 

Noticias

NOS DEJÓ EL QUERIDO “NEGRO’’ ALARCÓN: LA VOZ DEL ATLETISMO CHILENO
 
Invitamos a la Familia Atlética a hacernos llegar sus recuerdos del querido “Negro’’ Alarcón, queremos publicarlos aquí en este espacio que nuestra federación tiene como punto de encuentro de todos aquellos que compartimos ese gen en común: el amor al atletismo, como tanto lo amó el “Negro’’. 
 
El viernes 9 de enero se habían cumplido cinco meses del accidente cerebro vascular que afectó al destacado dirigente, juez, locutor y amigo Luis “Negro” Alarcón, cinco meses de una larga lucha que terminó este 11 de enero y que deja con un profundo pesar a su familia y a la familia atlética.
 
Agradecemos las muestras de cariños a través de las redes sociales, en donde nos permitimos citar las palabras de nuestro Presidente Juan Luis Carter:
 
“Se apagó la voz del atletismo chileno, partió antes que nosotros para animar campeonatos celestiales, fuiste la cara más amable de la Federación por muchos años, nos dejas ejemplos, tareas que asumir, por sobre todo un amor ilimitado por el atletismo y por los atletas, gracias Lucho Alarcón hasta siempre”.
 
Es inevitable pensar en el atletismo y que no nos resuene en el alma la voz de este inolvidable amigo, un gran integrante de nuestra familia atlética. 
 
LUCHO “NEGRO’’ ALARCÓN: DESCANSA EN PAZ, TE LO MERECES
FAMILIA ATLÉTICA CHILENA 

 

 

 

 

 

 

 

La Familia

 

La familia atlética está integrada por todos aquellos que en más de un siglo del atletismo chileno, han conocido la emoción de competir en pista, campo, asfalto o cross; aquellos que han sido entrenadores, dirigentes o jueces; y en general todos aquellos que comparten esta pasión por el atletismo. Aquí les entregamos la nómina de aquellos que en estos 100 años han integrado las selecciones nacionales o batido récords nacionales. Y son mucho más. ¡FAMILIA ATLÉTICA: los invitamos a sumar sus nombres a esta gran lista de todos los tiempos! 

 

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